films
blue
 

Por favor Note: Que dependiendo de su velocidad de coneccion de Internet el video se cargara, entre 10 segundos a mas si tiene velocidad lenta. El formato es DIVX

 

Víctor Gaviria llega un tanto agitado. Viene de discutir con colegas el último número de una revista norteamericana, en la que de nuevo se denuncia la extrema violencia del narcotráfico que, se afirma en el artículo, sigue imperando en Medellín, su ciudad natal. Pero el realizador de Sumas y restas, que se proclamó como la gran ganadora del Festival Internacional de Cine y Televisión de Cartagena de Indias -con tres de los principales premios, entre ellos mejor film y director-, afirma que las cosas son ahora distintas, que la realidad ha cambiado, aunque siga habiendo violencia.
El film relata precisamente el inicio del auge del narcotráfico en el Medellín de los años 80, una temática recurrente en el autor de La vendedora de rosas.
Mas Gaviria (Medellín, 1955) insiste en que esa situación que refleja "no es ahora, ahora ya ha cambiado mucho, ahora está la cuestión del paramilitarismo y las guerrillas".
Un tema que también le interesa -"uno crea historias que vivió o que más o menos fue testigo de ellas", explica, y añade que no descarta se conviertan en el centro de su propio proyecto.
"Quiero meterme un poco en el conflicto colombiano, todavía no sé muy bien, tengo varias ideas y hay gente interesada en trabajar el tema de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, marxistas)".
Quizás como un intento de demostrar la evolución que ha sufrido su país desde los años 80 hasta la actualidad. "Con el tiempo ya todos sabemos que el país cambió a partir de esos años, que se desinstitucionalizó muchísimo, que ciertas corrientes de ilegalidad que siempre habían convivido con las instituciones tuvieron una fuerza tremenda, hasta el punto de que el país enfermó de eso que ocurrió en esos años y todavía sigue con una guerra en la que el narcotráfico es unpoco su combustible".
"Hacer esa película y ese retrato nos ayuda a entender cosas, es como una manera de volver a hacer balance de lo que ocurrió, y como una cierta forma de pensar que ha persistido y que persiste todavía en muchos lugares. Estoy seguro de que uno viendo la película ahora entiende muchas cosas, de dónde vienen ciertas cosas de hoy", señala.
Y es que Víctor Gaviria no logra -o no le interesa- salir de una manera de hacer cine que implica un compromiso constante con su entorno social. "Soy un cineasta que no tiene la capacidad de hacer cualquier tipo de películas, como una intimista, sino que me gusta trabajar con entornos naturales".
"Todo el mundo pretende que los directores son capaces de hacer cualquier película y me sugieren que cambie de tema, que haga otras cosas, les molesta el argumento, que siga haciendo películas de indagación social. Pero yo, al contrario, me siento como un instrumento para hacer una reflexión sobre el conflicto colombiano, sobre los ejércitos irregulares, quién es la gente que está ahí, de dónde viene...", señala.
Además, no concibe el cine como una forma de escapismo. "Este país es cada vez más un gueto, este país está desequilibrado. Tenemos la guerrilla más feroz del mundo y por algo la tenemos. La gente pide que relate un orden que no se da en la realidad, sino en la imaginación, y (piensan que) si volvemos a restaurarlo en nuestra imaginación, ese orden mágicamente se va a restaurar. Pero la verdad es que todos salimos a cualquier zona del país y son territorios en disputa o a veces son repúblicas paramilitares donde la gasolina, el cemento, el oro y la cocaína está manejada por unos grupos".
Por ello tiene intención de seguir con estos temas sociales pese a los graves problemas de financiación con que se topa cada vez que quiere sacar adelante un proyecto. "Hay miedo al tema", admite. "Creo que la gente tiene razón en cierto sentido, aquí las cosas, a nivel de comunicación, se manejan por contagio; si ven que un empresario que esté financiando una película cuyo tema sean las drogas, todo el mundo asocia entonces por contagio que esa empresa tiene que ver" con el narcotráfico, explica.
"Pero yo tampoco puedo cambiar mucho. Yo ya he descubierto las cosas y tampoco puedo hacer lo que hace cualquier cineasta. Yo creo que el cine puede ponerse al servicio de una búsqueda de cosas muy interesantes, de la indagación social, de qué está realmente ocurriendo acá. La confusión que tenemos nos hace a todos vivir un poco como entristecidos, de no entender la realidad, y nos hace muy impotentes para resolverla".
Por todo ello, y fiel a su línea de usar actores no profesionales, "naturales" los llama él, en caso de concretarse un nuevo proyecto sobre las guerrillas "me imagino que voy a buscar los actores entre los soldados, la gente que ha estado en la guerra", apunta. Y es que concibe sus films más como testimonios que ficción. "Mis películas son más testimonios con una cantidad de información y vivencias que a veces no entran de ninguna otra manera, que entran muy distorsionadas en las noticias o en el periodismo de reportaje, que no están realmente comprometidas hasta el final, y mis películas sí. Son películas que sirven para poner de presente algunas cosas, algunas clases sociales que tienen otras expectativas y otra forma de pensar".

Tomado de http://www.eldeber.com.bo/anteriores/20050313/escenas_3.html


 

 

 
© Latinos Música 2007 - Toronto - Canadá