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El Salvador
Impunidad
Por: José Mario Zavaleta
La historia reciente de El Salvador está plagada de acontecimientos relacionados con la violencia delincuencial, política, o ligados a ella, que han conmovido a la sociedad; y la característica predominante es la persistente impunidad que mejor identifica al estado salvadoreño, por la deficiente acción de sus instituciones que rallan con lo inconcebible, elementos todos ligados a incompetencias, desinterés, y en el peor de los casos, el encubrimiento y velado propósito que ciertos casos enigmáticos no sean aclarados.
Ejemplos sobran, sólo para resumir, mencionamos el asesinato de Monseñor Oscar Arnulfo Romero, de los padres jesuitas y sus acompañantes, los ancianos esposos Manzanares de Suchitoto, para recordar hechos de los años 1980, 89 y 2006, respectivamente. Pero este cuatro de abril se cumple 9 años de la violación y asesinato de la niña Katya Miranda Jiménez, cuando contaba con nueve años de edad, y que apareció esa madrugada en una playa del central departamento de La Paz, precisamente a metros del rancho familiar, donde había departido en un paseo con la familia paterna y amigos de ella.
La niña había pernoctado en ese lugar a la par de su hermana Marcela, a metros de su padre y abuelos, y otras personas más, la mayoría adultos, incluyendo dos custodios. Misteriosamente a las tres de la madrugada es descubierta por unos rescatistas que habían sido alertados por personas ajenas a la familia, de quien ninguno de sus miembros presentes aparentemente se cercioró de los hechos trágicos.
Ni el padre de la niña, Edwin Miranda, en ese momento un oficial del ejército a cargo de la seguridad del entonces presidente Armando Calderón Sol; su tío, Godofredo Miranda, en ese momento subcomisionado de la Policía Nacional Civil; su abuelo, Carlos Miranda, un abogado de profesión, y el resto de presentes, entre quienes había otros militares en activo, se dieron cuenta del crimen. La madre, Hilda Jiménez, no se encontraba ahí, y luego de propias indagaciones en medio de garrafales errores en el proceso de investigación, seis meses después solicitó a las autoridades que se encausara a los Miranda bajo los cargos de violación, homicidio y encubrimiento. Fueron detenidos el padre y el abuelo junto a los mozos que actuaban como custodios, y tras un largo y criticado proceso judicial, fueron exonerados provisionalmente. Al final, en octubre de dos mil uno, un Tribunal de Instrucción ordenó el cierre del proceso penal contra los sospechosos, tras un año de esperar pruebas de cargo de parte de la Fiscalía que nunca llegaron.
Las consecuencias inmediatas que actualmente subsisten son el ascenso de los diferentes oficiales del ejército, incluido Godofredo Miranda, el tío, quien es ascendido a Comisionado, y actualmente es el jefe de la División Antinarcóticos, DAN, de la Policía Nacional Civil; luego de eximirse de no haber actuado en su momento como se debía y esperaba, porque se encontraba de vacaciones cuando es asesinada su sobrina. Por su lado, la madre, Hilda María Jiménez, ha tenido que asilarse junto a su hija sobreviviente en los Estados Unidos, donde actualmente vive, luego de amenazas a su integridad en el país, y la displicencia de las autoridades.
A nueve años de este espantoso hecho, y a uno de prescribir judicialmente, el Fiscal General de la República, Félix Garried Safie, ha dicho este jueves tres de abril que no existen investigaciones en el asesinato y violación de Katya, afirmando que el caso está cerrado, que hay un ambiente de impunidad, pero en aquel momento la fiscalía hizo lo que le correspondía. Mientras, este dos de abril, a través de la entrevista televisiva nocturna del periodista Narciso Castillo, la madre ha asegurado vía telefónica desde Estados Unidos, que luchará con todas sus fuerzas por conseguir la justicia negada. La sociedad salvadoreña llora y se avergüenza de la falta de interés y decisión política de las sucesivas autoridades que aún guardan silencio. El pueblo espera tiempos mejores.
Fecha publicación: 04/04/2008
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