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Crisis sanitaria en El Salvador
Joaquín Rivery Tur
El Salvador es el país de las bandas juveniles, la tierra donde los delincuentes salen a la calle a morir, porque saben que pueden caer en una encerrona de una banda rival.
No tienen salida. No tienen trabajo. Habitan en barrios marginales por donde la policía no se atreve a transitar si no es en grandes contingentes. La juventud parece perdida por un gobierno que no le dedica la menor atención.
El presidente Antonio Saca, el alter ego de Bush en Centroamérica, el gobernante más sumiso a la Casa Blanca de todo el istmo, no considera necesario gastar dinero en problemas sociales.
Ahora los empleados de dos de los principales hospitales de El Salvador paralizaron sus labores en protesta por la falta de medicamentos, comida y ropa para los enfermos y llamaron a un diálogo urgente de las autoridades para resolver el problema.
En ese sentido, trabajadores del Hospital Nacional Rosales y del Hospital Nacional de Niños Benjamín Bloom, salieron a la calle, frente a los nosocomios, a expresar su protesta porque sus enfermos se mueren sin que ellos puedan hacer nada.
El secretario del Sindicato General de Salud (Sigesal), Mario Arévalo, confirmó que en el Hospital Rosales, donde se atienden a los pacientes más graves del país, las consultas de especialidades y las externas se suspendieron.
Es que no tienen con qué curar a los pacientes y quizás los quejidos de las agonías que escuchan los empujan a la protesta.
Por supuesto que se atienden las emergencias y a los enfermos internados. No se les puede abandonar y ellos son personal de la medicina que un día hicieron el juramento hipocrático. Eso los obliga a no desatender a los necesitados.
Según las agencias, en el Hospital Benjamín Bloom la situación es similar y los empleados que apoyan la acción salieron a la calle con pancartas donde denuncian falta de medicamentos, de alimento, ropa y otros suministros necesarios para dar atención médica.
Entretanto, Antonio Saca y sus ministros no aprendieron nada de la Cumbre Iberoamericana que acaba de producirse en El Salvador, la número XVIII. Grandilocuente, el mandatario quiso dedicar el evento a Juventud y Desarrollo, cuando son dos conceptos totalmente divorciados en El Salvador.
Lo demostraron los empleados del hospital infantil al invitar a los periodistas a recorrer el centro que debiera ser asistencial, y los enviados de la prensa presenciaron las necesidades y los esfuerzos de los encargados de preparar la comida, no con el dinero del gobierno —como debería ser—, sino con ayuda de organizaciones no gubernamentales.
Haber efectuado la Cumbre Iberoamericana en San Salvador fue una muestra de cinismo del presidente Saca, asistente de Bush para Centroamérica y allí, claro, de lo que menos se habló fue de jóvenes y de desarrollo.
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